Paula Fraga reclama una política basada en la realidad material frente al «feminismo institucional»
La abogada penalista y escritora Paula Fraga ha manifestado la necesidad de reconducir el debate político hacia las condiciones materiales de la ciudadanía, criticando lo que define como una desconexión entre el discurso institucional y la realidad técnica de los juzgados. Fraga, especialista en Derecho de Familia y protección a la infancia, defiende una postura heterodoxa que combina el análisis dialéctico con una visión comunitarista y soberanista de la sociedad.
En el ejercicio de su actividad profesional, la jurista denuncia las carencias estructurales del sistema judicial español, calificando de «tercermundistas» diversas situaciones observadas en los procedimientos por abusos sexuales a menores. Según Fraga, el colapso administrativo y la falta de medios impiden una atención forense adecuada, lo que deriva en una desprotección efectiva de las víctimas que contrasta con las proclamas de las instituciones de igualdad.
En el ámbito ideológico, Fraga rechaza los denominados «packs ideológicos» y las etiquetas de binarismo tradicional. Se adscribe a tesis comunitaristas influidas por el marxismo, centrando su crítica en el «progresismo cosmopolita» que, a su juicio, actúa como una superestructura legitimadora del orden socioeconómico neoliberal. La analista sostiene que el debate actual se ha desplazado hacia cuestiones superficiales, abandonando las necesidades materiales de la clase trabajadora.
Respecto a la gestión migratoria y la soberanía nacional, la abogada ha expresado su preocupación por la situación en las fronteras, señalando el caso de Ceuta como un punto crítico. Fraga propone una política de inmigración ordenada y controlada, advirtiendo que la entrada masiva e incontrolada puede generar choques de cosmovisiones que afecten a la seguridad ciudadana y a los derechos de las mujeres. Asimismo, aboga por recuperar el control fronterizo frente a la externalización de la soberanía en terceros países.
Finalmente, la jurista señala lo que considera una contradicción en ciertos sectores del progresismo occidental respecto al islamismo. Fraga argumenta que la penetración de corrientes posmodernas y el relativismo cultural han llevado a una parte de la izquierda a ignorar dogmas religiosos opresivos para evitar acusaciones de islamofobia. Según su análisis, esta postura constituye una traición a los derechos fundamentales de las mujeres y las niñas en favor de narrativas de victimización colectiva.
Ante este escenario, la analista concluye que el punto de inflexión para la reconstrucción del tejido social pasa por recuperar el sentido común y la defensa firme de la comunidad frente al individualismo. Para Fraga, la protección real de la infancia y la seguridad nacional son los pilares básicos que deben primar sobre la «anestesia ideológica» actual.


