Podemos mantiene una posición de cautela ante la crisis interna en Más Madrid por el reglamento de primarias
La dirección de Podemos ha optado por mantener un perfil bajo ante la creciente tensión interna en Más Madrid, formación que atraviesa un conflicto derivado de la modificación de sus estatutos y el reglamento de elecciones primarias. Pese a que el partido morado interpreta esta situación como un factor de desgaste para uno de sus principales rivales en el espectro de la izquierda, la organización evita posicionarse a favor de cualquiera de los sectores enfrentados debido a rencillas históricas que se remontan a la fundación de ambas formaciones.
El foco del conflicto en Más Madrid se centra en el malestar expresado por el diputado Emilio Delgado, quien ha cuestionado públicamente los cambios normativos que afectan al censo y a la flexibilidad de los procesos internos. Según fuentes cercanas a la formación morada, Podemos tuvo conocimiento temprano de estas discrepancias, vinculando la decisión de Mónica García de liderar la candidatura a la Comunidad de Madrid con ajustes reglamentarios ejecutados, según las mismas fuentes, de manera teledirigida durante los últimos meses.
La controversia institucional en Más Madrid se vio agravada el pasado mes de febrero, cuando cuatro miembros de su Comité de Garantías presentaron su dimisión. Estas renuncias estuvieron motivadas por discrepancias directas con la dirección del partido en relación con la reforma de los estatutos, un movimiento que los críticos consideran una vía para encorsetar la democracia interna y reducir la participación de la militancia en la toma de decisiones.
A pesar de la sintonía estratégica en la crítica a los métodos de la actual dirección de Más Madrid, Podemos descarta cualquier respaldo activo a la figura de Emilio Delgado. El rechazo se fundamenta en el papel que desempeñó el diputado en el año 2016 durante la denominada operación «Jaque Pastor», un intento por parte del sector errejonista para debilitar el liderazgo de Pablo Iglesias y tomar el control de la organización en la Comunidad de Madrid.
Aquel episodio, que culminó con la salida de gran parte del sector crítico tras el congreso de Vistalegre II, sigue marcando las relaciones entre los cuadros dirigentes actuales. Figuras de peso en Podemos, como Irene Montero, mantienen presente la desconfianza hacia los actores que participaron en aquella conjura interna, lo que impide una alianza, incluso táctica, con el sector crítico de Más Madrid en el presente escenario.
Desde el punto de vista institucional, Podemos observa que ambos bandos en disputa en Más Madrid representan la corriente que en su día buscó «canibalizar» el espacio político del partido morado. Por ello, la estrategia actual de la formación consiste en dejar que el conflicto interno siga su curso sin intervención directa, entendiendo que las heridas del pasado actúan como un freno insalvable para cualquier intento de unidad o colaboración política a corto plazo.
Mientras la dirección nacional de Podemos guarda silencio, algunos cuadros locales han comenzado a secundar las críticas relativas a la reducción de los censos en las primarias de sus competidores, aunque siempre de forma individual y sin comprometer la postura oficial de neutralidad observadora que ha adoptado el partido ante la crisis que afecta a la formación liderada por Mónica García.


