Una investigación detalla la estrategia operativa del Mossad contra el programa nuclear iraní
La reciente publicación de una investigación exhaustiva sobre los servicios de inteligencia israelíes ha puesto de manifiesto la estructura y los objetivos estratégicos del Mossad en su confrontación con el desarrollo nuclear de Irán. El estudio, titulado «La guerra sagrada del Mossad» y elaborado por el periodista especializado Eric Frattini, desglosa un plan operativo de ocho puntos diseñado a principios de este siglo para impedir que la República Islámica alcance capacidades atómicas.
Bajo la dirección de Meir Dagan, quien asumió la jefatura del servicio en 2002, la agencia adoptó una postura de confrontación directa que priorizaba la operatividad táctica sobre la diplomacia tradicional. Este cambio de paradigma transformó al Mossad en una organización orientada a la ejecución de misiones de alta precisión, fundamentadas en la premisa de que la eliminación de amenazas críticas constituye una herramienta de disuasión del Estado.
Un aspecto central de la investigación subraya la subordinación jerárquica del servicio de inteligencia al poder político. De acuerdo con los datos revelados, la designación de objetivos estratégicos y las operaciones de alto impacto requieren de la aprobación directa del primer ministro de Israel. Este protocolo asegura que las actuaciones de la inteligencia se mantengan alineadas con las directrices del Ejecutivo, eliminando la posibilidad de que la agencia actúe de manera autónoma en asuntos de seguridad nacional.
El plan estratégico de ocho puntos implementado por Dagan incluye la presión diplomática internacional, la coerción sobre socios comerciales de Irán y la infiltración en territorio persa. Para este último fin, el Mossad ha establecido vínculos operativos con grupos ciudadanos y facciones locales opuestas al régimen de Teherán, facilitando así la movilidad y el apoyo logístico necesario para sus actividades en suelo extranjero.
Asimismo, el documento detalla la creación de una coalición global de inteligencia que involucra a agencias de Europa, Asia, América y Oceanía. Esta red de cooperación, categorizada según el nivel de afinidad entre los servicios, ha permitido el intercambio de información crítica y la ejecución de acciones coordinadas para mitigar lo que el gobierno israelí considera una amenaza existencial para la estabilidad de la región.
El análisis de esta obra, que cuenta con la valoración de expertos en espionaje como Fernando Rueda, destaca la eficacia de las medidas de seguridad superadas durante las últimas dos décadas. La investigación ofrece una visión técnica sobre la ejecución de misiones que han condicionado el avance de las infraestructuras nucleares iraníes, consolidando un modelo de inteligencia basado en la intervención directa y la colaboración internacional.


