miércoles, mayo 27, 2026
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Sabadell cree que BBVA no lanzará segunda OPA obligatoria

Por qué la segunda oferta puede no llegar

Los últimos movimientos en el proceso de oferta pública han abierto la discusión sobre la conveniencia de impulsar una segunda puja obligatoria. Desde la perspectiva del banco objetivo, existen motivos financieros y estratégicos para que el comprador principal decida no continuar: el riesgo sobre su capital, la complejidad operativa y la respuesta incierta de los pequeños accionistas.

En escenarios realistas, cuando el adquirente se queda en torno a una participación intermedia —ni dominante ni testimonial—, lanzar una OPA suplementaria implica movilizar recursos sustanciales y aceptar una dilución o endeudamiento adicional. Eso puede ser contraproducente si el mercado ya anticipa costes elevados y una pérdida temporal de rentabilidad.

Comportamiento de los accionistas: señales clave

El reparto de la estructura accionarial determina en gran medida la viabilidad de una segunda oferta. Cuando gran parte de los pequeños accionistas mantiene sus títulos depositados en la propia entidad, la visibilidad sobre sus intenciones es limitada. Además, los fondos indexados suelen replicar posiciones y no toman decisiones activas inmediatas.

  • Alta concentración de acciones en custodias internas reduce la transparencia.
  • Los inversores pasivos tienden a reaccionar según señales de mercado, no por preferencias estratégicas.
  • Los grandes institucionales tienen margen para fraccionar su respuesta (vender parte, mantener otra).

Por ejemplo, en otra operación en Europa, la presencia de inversores minoritarios con títulos custodiados impidió prever con rapidez el nivel real de adhesión, lo que obligó al comprador a replantear su estrategia y optar por compras graduales en mercado secundario.

Impacto potencial sobre la capitalización del comprador

Una segunda OPA obligatoria, si fuera necesaria por ley, puede exigir desembolsos que reduzcan la solvencia y la capacidad de distribución del adquirente. Estimaciones alternativas apuntan a que una operación de cierre total podría suponer un coste de más de 11.000 millones de euros, dependiendo del precio fijado por la autoridad supervisora y de la proporción de capital pendiente.

En tal escenario, la entidad que lanza la oferta podría verse forzada a una ampliación de capital de varios miles de millones para financiar la compra, con la consiguiente dilución para accionistas actuales y una presión en los ratios regulatorios en los trimestres siguientes.

Efectos en la dinámica del precio y alternativas tácticas

La mera expectativa de una segunda OPA puede actuar como un suelo temporal para la cotización de la empresa objetivo. Si los precios del mercado se sitúan por encima del supuesto precio de la futura oferta, muchos accionistas preferirán no vender y esperar. Esto complica aún más una compra completa en efectivo.

Como alternativa a una segunda OPA, el comprador podría optar por:

  • Adquisiciones escalonadas en mercado abierto para ajustar el precio medio.
  • Negociaciones bilaterales con bloques significativos para alcanzar acuerdos parciales.
  • Instrumentos híbridos (combinación de efectivo y canje) que reduzcan el impacto en liquidez.

Cada táctica tiene costes y beneficios distintos; por ejemplo, comprar en mercado puede elevar el precio de la acción y encarecer la operación, mientras que un canje puede ser bien recibido por quien apuesta por la continuidad en el valor combinado.

El papel del supervisor y la cuestión del precio justo

El organismo regulador tiene que equilibrar el cumplimiento estricto de la normativa con soluciones prácticas que permitan decisiones informadas. Una alternativa en estudio por supervisores en procesos similares ha sido comunicar criterios sobre la determinación del precio equitativo con antelación, lo que facilita que el comprador decida con mayor certeza.

No obstante, ninguna solución es simple: fijar el precio demasiado pronto puede perjudicar a los accionistas si el mercado evoluciona al alza; dejarlo abierto añade incertidumbre y retrasa la resolución del proceso, con efectos en la gobernanza y en la planificación financiera de ambas entidades.

Conclusión: riesgos y oportunidades para ambas partes

En definitiva, la decisión de no proseguir con una segunda OPA obligatoria puede obedecer tanto a razones de prudencia financiera como a cálculos estratégicos sobre la reacción del mercado y de los pequeños accionistas. Para el objetivo, la falta de una segunda oferta elimina la presión inmediata sobre la liquidez, pero mantiene la incógnita sobre su control a medio plazo.

Para el comprador, renunciar a una OPA adicional puede evitar tensiones en su balance, pero también obliga a explorar vías alternativas para consolidar participación, con costes de oportunidad y riesgos de implementación. La evolución de este proceso dependerá, finalmente, de la interacción entre la voluntad de los accionistas, la evaluación del supervisor y la capacidad financiera del potencial adquirente.

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