La recuperación del legado sinfónico de Bohuslav Martinů marca un hito en la fonografía contemporánea
La reciente publicación de la integral de las seis sinfonías de Bohuslav Martinů (1890-1959), bajo la dirección de Jakub Hrůša y la Orquesta Sinfónica de Bamberg, ha situado nuevamente en el primer plano internacional la obra de uno de los compositores más prolíficos y singulares del siglo XX. Este lanzamiento discográfico, editado por el sello Deutsche Grammophon, supone un ejercicio de justicia histórica y artística para un autor cuya trayectoria estuvo marcada por el exilio y la persecución de los totalitarismos nazi y comunista.
El director checo Jakub Hrůša, titular de la formación de Bamberg, lidera este proyecto que explora la evolución sonora de Martinů desde su llegada a Estados Unidos en los años cuarenta. La elección de la Orquesta de Bamberg no es casual, dado que fue fundada en 1946 por músicos alemanes expulsados de Checoslovaquia, lo que establece un vínculo histórico directo con la herencia cultural del compositor nacido en Polička. La crítica destaca que esta grabación logra capturar la paleta sonora genuina de Martinů, caracterizada por un uso distintivo de la percusión, el piano y las maderas.
La biografía de Martinů es un reflejo de las tensiones políticas de su tiempo. Tras formarse en Praga y trasladarse a París en 1923, donde recibió la influencia de las vanguardias y el jazz, el compositor se vio obligado a emigrar tras la ocupación nazi de Checoslovaquia en 1939. Su inclusión en las listas negras del Tercer Reich se debió a obras de resistencia como su «Misa de campaña». Tras un periplo por España y Portugal, se estableció en Estados Unidos, donde compuso la totalidad de su ciclo sinfónico, iniciando este proceso a la madura edad de 52 años por encargo de Serge Koussevitzky.
El análisis de su producción revela un equilibrio entre la tradición popular checa —heredada de predecesores como Dvořák y Smetana— y las corrientes modernas. A pesar de su éxito en el exilio estadounidense, Martinů no pudo regresar de forma permanente a su patria tras la Segunda Guerra Mundial debido a la instauración del régimen comunista. El musicólogo Zdeněk Nejedlý, guardián de la ortodoxia ideológica del Partido Comunista, declaró al compositor enemigo del régimen por considerar que su música no se ajustaba a los cánones del realismo socialista ni reflejaba el espíritu del pueblo frente a la opresión capitalista.
Desde el punto de vista estructural, las sinfonías de Martinů se caracterizan por una brevedad relativa y una gran densidad rítmica. La Primera Sinfonía, estrenada por la Filarmónica de Nueva York, presenta un movimiento lento que ha sido calificado por especialistas como uno de los adagios más profundos de la posguerra, conectando con la sobriedad emocional de su «Memorial de Lidice», poema sinfónico que conmemora la matanza ordenada por Hitler en el pueblo checo homónimo. El ciclo culmina con la Sexta Sinfonía, una obra que redefine el género mediante una metamorfosis temática constante.
El debate estético que rodea la obra de Martinů también plantea una reflexión sobre la naturaleza del arte moderno. Frente a la primacía de la construcción mental y el artificio de la escritura que dominó parte de la vanguardia del siglo pasado, la música de Martinů se reivindica hoy como una corriente que privilegia la posibilidad sonora y la libertad del oído. Esta nueva integral discográfica no solo documenta un yacimiento sonoro latente, sino que confirma la vigencia de un lenguaje musical que logró sobrevivir a las constricciones ideológicas y al paso del tiempo.


