Un estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) ha determinado que el trabajo nocturno y el insomnio crónico incrementan significativamente el riesgo de desarrollar covid persistente. La investigación, publicada en la revista científica Scandinavian Journal of Work, Environment and Health, establece por primera vez un vínculo directo entre la alteración de los ritmos circadianos y la persistencia de síntomas tras una infección por SARS-CoV-2.
Los resultados del análisis indican que las personas que desempeñan su labor en turnos de noche tienen un 88 % más de probabilidades de sufrir covid persistente en comparación con quienes trabajan en horario diurno. Esta asociación se mantiene incluso después de ajustar factores determinantes como la vacunación, la edad o la presencia de enfermedades crónicas, y se manifiesta de forma más intensa en individuos que padecen obesidad.
Asimismo, el insomnio crónico se identificó como un factor de riesgo independiente, asociado a un aumento del 42 % en la probabilidad de desarrollar esta condición. En los casos donde confluyen ambos factores —trabajo nocturno y trastornos del sueño—, el riesgo se multiplica de manera alarmante, alcanzando una probabilidad 2,7 veces superior respecto a los trabajadores diurnos sin problemas de sueño.
La investigación se basó en el seguimiento de 2.941 adultos de la cohorte COVICAT en Cataluña entre los años 2021 y 2023. De los 1.899 participantes que contrajeron la infección, 284 desarrollaron el síndrome de covid persistente, definido por la presencia de sintomatología durante más de tres meses. Un hallazgo relevante es que el trabajo nocturno no se asoció con un mayor riesgo de contagio inicial, lo que sugiere que la alteración del reloj biológico influye específicamente en la capacidad de recuperación del organismo y no en su susceptibilidad al virus.
Desde el punto de vista biológico, los investigadores explican que el sistema inmunitario está regulado por el reloj circadiano. Una disrupción continuada de estos ritmos, provocada por horarios laborales irregulares o falta de descanso, puede debilitar la respuesta inmunitaria necesaria para eliminar el patógeno por completo, facilitando la transición de una infección aguda a una sintomatología crónica.
Manolis Kogevinas, investigador de ISGlobal y coordinador del estudio, ha destacado que el sueño representa un factor potencialmente modificable. Por ello, los autores subrayan la importancia de implementar estrategias de salud pública que promuevan hábitos de sueño saludables, especialmente entre los trabajadores esenciales y sectores que operan con turnos nocturnos, como una medida de bajo coste para prevenir síndromes postinfecciosos.
El estudio contó con la colaboración del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y utilizó definiciones de covid persistente reconocidas internacionalmente. No obstante, los autores señalan como limitación que la muestra se centró en personas de entre 40 y 65 años, por lo que futuros trabajos deberán evaluar si estas conclusiones son extrapolables a poblaciones de menor o mayor edad, además de considerar otros factores de estrés laboral.


