La Unión Europea debate elevar la presión sobre Israel ante la división por el Acuerdo de Asociación
Los ministros de Exteriores de la Unión Europea han analizado este martes en Luxemburgo la posibilidad de endurecer las medidas de presión sobre Israel ante el deterioro de la situación humanitaria en la región. Durante el Consejo de Asuntos Exteriores (CAE), los Veintisiete han evaluado diversas propuestas que oscilan desde la limitación del comercio con los asentamientos en Cisjordania hasta la suspensión del Acuerdo de Asociación, una medida que genera una profunda división interna en el bloque comunitario.
Francia y Suecia han liderado una iniciativa conjunta para presentar un documento técnico que propone limitar el comercio con los asentamientos israelíes en territorios ocupados. Según ha explicado la ministra sueca de Exteriores, Maria Malmer Stenergard, esta vía cuenta con mayores probabilidades de éxito operativo frente a propuestas más drásticas, supeditando su avance a que Hungría retire su veto sobre las sanciones a colonos violentos. Stenergard ha señalado que la demanda de suspensión total del acuerdo preferente no cuenta, a día de hoy, con el apoyo mayoritario necesario.
Por su parte, el bloque formado por España, Irlanda y Eslovenia ha insistido en la necesidad de revisar íntegramente las relaciones con Israel. El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha defendido la suspensión del Acuerdo de Asociación alegando posibles vulneraciones de los Derechos Humanos. Albares ha advertido que la Unión Europea pone en riesgo su «credibilidad» si no mantiene la misma firmeza y principios en Oriente Próximo que los aplicados en otras crisis internacionales, como la invasión rusa de Ucrania.
La viabilidad jurídica de estas medidas marca el debate técnico en Bruselas. Mientras que la suspensión total del tratado requiere la unanimidad de los 27 Estados miembros —un escenario descartado actualmente por la oposición de países como Alemania—, la suspensión parcial del pilar comercial podría aprobarse mediante una mayoría cualificada. Países como Bélgica se han mostrado favorables a esta fórmula intermedia como una vía para «elevar el tono» ante las acciones de los últimos meses en Gaza, Líbano y Cisjordania.
Alemania, sin embargo, se ha posicionado de forma explícita en contra de cualquier tipo de suspensión, ya sea total o parcial. El ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, ha calificado esta medida de «inadecuada» para gestionar la crisis. No obstante, Berlín sí se ha mostrado abierto a discutir «cuestiones críticas» con el Gobierno de Benjamin Netanyahu, incluyendo la violencia de los colonos y cualquier iniciativa que suponga la anexión de Cisjordania, lo que a juicio de la diplomacia germana anularía la solución de los dos Estados.
Desde los Países Bajos, el ministro Tom Berendsen ha coincidido en que es imperativo incrementar la presión para forzar un «cambio de comportamiento» en el Ejecutivo israelí, aunque ha reconocido que la suspensión del tratado es una herramienta «severa» que aún no reúne el consenso suficiente. El debate diplomático continuará en las próximas semanas, con el foco puesto en la evolución de los conflictos en el sur de Líbano y el impacto de las sanciones comerciales selectivas como alternativa a la ruptura institucional.


