Víctor Manuel sitúa la gastronomía de mercado y la cocina tradicional como ejes de su identidad cultural
El cantautor asturiano defiende la selección presencial del producto y el «chup-chup» frente a la inmediatez, vinculando el proceso creativo musical con la artesanía culinaria y el arraigo territorial.
El reconocido artista Víctor Manuel ha consolidado su faceta como prescriptor de la cocina tradicional española, elevando la actividad culinaria al rango de disciplina artística y estructura mental diaria. A través de sus intervenciones públicas y su obra autobiográfica «El gusto es mío», el intérprete reivindica el papel de los mercados de abastos, con especial énfasis en el Mercado de El Fontán en Oviedo, como centros neurálgicos de conocimiento y resistencia cultural frente a la industria de la alimentación procesada.
Para el músico, la cocina no representa un mero pasatiempo, sino una extensión de su carrera profesional donde la composición y el guiso comparten una misma raíz: la memoria y el respeto por la técnica artesanal. Bajo esta premisa, Víctor Manuel sostiene que el acto de cocinar comienza estrictamente en el mercado, lugar donde rechaza delegar la compra para supervisar personalmente la calidad de los productos, especialmente el pescado del Cantábrico y las legumbres de proximidad.
La relación del artista con el Mercado de El Fontán trasciende lo comercial para convertirse en un ejercicio de aprendizaje continuo. El cantautor subraya la importancia del vínculo «de igual a igual» con los productores y comerciantes, a quienes considera los verdaderos expertos. En este entorno, el intérprete busca el «brillo de las escamas» y la frescura de la materia prima, defendiendo que cualquier error en la selección previa invalida el proceso posterior en los fogones.
Desde una perspectiva sociológica, la cocina de Víctor Manuel en su residencia de Madrid se ha consolidado como un espacio de encuentro para la élite cultural y política del país. Según el propio artista, la gastronomía funciona como un acto de generosidad y una herramienta de distensión, permitiendo que el entorno doméstico se convierta en un escenario de diálogo donde la preparación minuciosa de los alimentos fomenta la resolución de conflictos y el fortalecimiento de vínculos personales.
En términos de gestión emocional, el cantante destaca el valor terapéutico de las tareas culinarias básicas. Tras las actuaciones ante grandes audiencias, el proceso de limpiar hortalizas o pelar cebollas actúa como un mecanismo de retorno a la realidad, permitiendo una desconexión del entorno público y una reconexión con la cotidianeidad. Esta filosofía rechaza el uso de tecnologías de cocción rápida, como el microondas, priorizando platos que requieren tiempo, paciencia y un estudio riguroso de los procesos técnicos.
Finalmente, Víctor Manuel asocia la identidad de su tierra natal, Asturias, no con símbolos institucionales, sino con el patrimonio sensorial de su gastronomía. Su defensa del «chup-chup» y del mercado tradicional se posiciona como una declaración de principios frente a la celeridad de la vida contemporánea, reafirmando que la excelencia en cualquier disciplina, sea la música o la cocina, requiere de una base técnica sólida y un respeto profundo por el origen de los recursos.


