Homenaje en Santander a Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca y figura de la memoria democrática
El cementerio de Ciriego, en Santander, ha sido el escenario de un acto de reconocimiento a la figura de Rafael Rodríguez Rapún, secretario de la compañía teatral La Barraca y estrecho colaborador de Federico García Lorca. El homenaje, celebrado este 18 de agosto, coincide con el aniversario de su fallecimiento en 1937, ocurrido exactamente un año después del asesinato del poeta granadino, con quien mantuvo un relevante vínculo personal y profesional.
Bajo el lema «Flores para Rapún. Cada año, un poco menos solo», la Asociación Héroes de la República y la Libertad, junto al medio digital El Faradio, han organizado este encuentro para reivindicar el legado de este ingeniero y actor madrileño. Rodríguez Rapún falleció a los 25 años en el Hospital de Sangre número cuatro de Santander, tras resultar herido durante los combates en Bárcena de Pie de Concha en el marco de la Guerra Civil.
Jorge Suárez, presidente de la asociación organizadora, ha destacado la importancia de este acto como un ejercicio de memoria democrática. Suárez subrayó el compromiso «valiente» de Rapún con la difusión de la cultura a través de La Barraca, una iniciativa que buscaba acercar el teatro y la literatura a las zonas rurales de España en una época marcada por altos índices de analfabetismo. Según los organizadores, su figura representa la unión de los ideales republicanos con la militancia cultural y social.
Por su parte, Óscar Allende, director de El Faradio y autor de una biografía en curso sobre el homenajeado, señaló que la trayectoria de Rodríguez Rapún ha permanecido en el anonimato para el gran público durante décadas. No obstante, el interés por su vida ha crecido recientemente gracias a diversas producciones teatrales y cinematográficas, como el próximo estreno de la película «La bola negra», dirigida por Javier Ambrossi y Javier Calvo, donde se explora su influencia en la obra de Lorca.
Durante el acto, los asistentes realizaron una ofrenda floral con los colores de la bandera republicana y procedieron a la lectura de versos pertenecientes a «Sonetos del amor oscuro». Esta obra de García Lorca es vinculada frecuentemente por la historiografía literaria a la relación que ambos mantuvieron hasta el estallido del conflicto bélico.
Rodríguez Rapún, quien fuera militante socialista y sindicalista en la Casa del Pueblo, decidió sumarse a la defensa de la legalidad vigente tras el golpe de Estado de 1936, a pesar de sus posibilidades de evitar el frente. Sus restos permanecen en el cementerio santanderino por deseo expreso de su familia, consolidándose como un punto de referencia para el estudio de la generación intelectual que lideró las misiones pedagógicas y culturales de la Segunda República.


