lunes, mayo 4, 2026
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Aristocracia y hombre-masa: Vigencia de Ortega y Gasset

La estructura social contemporánea enfrenta un fenómeno de masificación creciente que pone en riesgo la autonomía individual y la valoración del conocimiento especializado. Bajo la premisa de una sociedad donde el término «hombre-masa» cobra renovada vigencia, diversos análisis advierten sobre la erosión de las jerarquías del saber y la necesidad de reivindicar a las denominadas minorías rectoras como guías del desarrollo institucional y cultural.

El concepto de «hombre-masa», acuñado originalmente por Ortega y Gasset en su obra fundamental de 1930, describe a un individuo que, desvinculado de la tradición cultural y la autonomía intelectual, asume que posee derechos universales sin la contrapartida de una formación o mérito específico. Este perfil se caracteriza por una inclinación hacia la vulgaridad y el rechazo a la autoridad técnica, lo que genera una presión constante sobre las instituciones que dependen de la especialización para su correcto funcionamiento.

En el ámbito de la gobernanza y la gestión pública, la problemática se traslada a la idoneidad de los cargos de responsabilidad. Se plantea el interrogante sobre si la pertenencia política debe prevalecer sobre la demostración previa de saberes técnicos, especialmente en carteras críticas como Economía. La neutralidad institucional sugiere que una sociedad equilibrada requiere que el ciudadano, en su rol de «masa», delegue y confíe en la «minoría rectora» —expertos en materias específicas como la medicina, la navegación aérea o las ciencias exactas— para garantizar la seguridad y el progreso colectivo.

El impacto de esta masificación es particularmente visible en el sector cultural y turístico. El fenómeno de la «democratización de la maleta» ha derivado en una saturación de espacios históricos y museísticos, transformando el turismo de un bien de enriquecimiento personal en una carga logística para grandes ciudades. La implementación de medidas de «numerus clausus» o plazas limitadas en destinos como Venecia o en monumentos de alta demanda responde a la necesidad de preservar el patrimonio ante una afluencia que, en ocasiones, prioriza la tendencia social sobre la apreciación artística profunda.

Por otro lado, la influencia de los medios de comunicación de masas y las redes sociales es señalada como un factor que potencia el sentimiento de muchedumbre. La tendencia a solicitar opiniones ciudadanas sobre temas de alta complejidad técnica, como la energía nuclear o las políticas macroeconómicas, sin un marco de referencia informado, contribuye a una atmósfera de ignorancia que los expertos califican como calamitosa para el debate público racional.

Finalmente, la recuperación del valor de las «minorías selectas» —entendidas no como una aristocracia de títulos, sino de capacidades y excelencia— se propone como una tarea esencial para la estabilidad social. Aunque el término «elitismo» suele ser utilizado con una connotación peyorativa en el discurso popular, desde una perspectiva de calidad institucional se defiende el cultivo del saber y la especialización como el único camino para superar la irracionalidad de la masa y asegurar una convivencia basada en el mérito y el conocimiento.

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