Expertos vinculan el aumento del insomnio con los hábitos de vida y el sedentarismo
El neurofisiólogo clínico Javier Albares ha señalado que los trastornos del sueño, especialmente el insomnio, no deben considerarse únicamente como una afección nocturna, sino como la consecuencia directa de un estilo de vida condicionado por el estrés, la falta de actividad física y la desconexión con los ciclos naturales. Durante su intervención en el foro Aprendemos Juntos 2030, el especialista enfatizó que la calidad del descanso depende de la gestión de los hábitos cotidianos y no exclusivamente de intervenciones farmacológicas o técnicas de conciliación rápida.
De acuerdo con el facultativo, el sedentarismo se sitúa como el primer factor de deterioro del descanso profundo. La falta de movimiento físico durante la jornada altera los ritmos biológicos del organismo, reduciendo la eficacia de la fase reparadora del sueño. Albares subrayó que el cuerpo humano requiere actividad regular para sincronizar su reloj biológico y facilitar la producción de melatonina, hormona esencial para regular el ciclo de sueño y vigilia.
La exposición a la luz solar y la síntesis de vitamina D representan el segundo pilar fundamental en la higiene del sueño. El experto advierte que la vida en entornos interiores y el uso excesivo de pantallas han provocado una desconexión de los ritmos circadianos. Se recomienda una exposición mínima de dos horas diarias a la luz natural para estabilizar las funciones fisiológicas, dado que la deficiencia de vitamina D está correlacionada con mayores niveles de fatiga y alteraciones del estado de ánimo.
Asimismo, la salud social y emocional ha sido identificada como un factor determinante en la arquitectura del sueño. El aislamiento y la hiperconectividad digital impactan negativamente en la gestión de las emociones, lo que se traduce en dificultades para alcanzar el reposo nocturno. El especialista defiende que el mantenimiento de vínculos afectivos sanos y la interacción social presencial forman parte integral de un modelo de vida que favorece la desconexión mental necesaria antes del descanso.
En el ámbito nutricional, la evidencia clínica sugiere que tanto la composición de la dieta como los horarios de ingesta influyen en el metabolismo y la continuidad del sueño. Se recomienda evitar cenas copiosas y alimentos ultraprocesados, así como mantener una regularidad en los horarios de las comidas para evitar despertares frecuentes. La cafeína y otros estimulantes consumidos en horas tardías se mantienen como principales disruptores de la conciliación del sueño.
Finalmente, el doctor Albares hizo un llamamiento a dejar de normalizar el estrés crónico como un estado natural de la vida moderna. El estado de alerta constante mantiene el cerebro en una situación de hiperactivación cortical que impide el sueño reparador. El fomento de la atención plena y la reducción de la sobreestimulación digital son presentados como herramientas institucionales y personales necesarias para combatir la epidemia de insomnio que afecta a la población actual.


