Un estudio global revela que la formación y el empleo priman sobre el origen en la aceptación de inmigrantes
Una investigación liderada por la Universidad de Harvard y publicada en la revista científica Science Advances ha determinado que la percepción ciudadana hacia los inmigrantes no depende principalmente de su país de procedencia, sino de factores vinculados a su capacidad de integración económica y social. Tras analizar 100 estudios con más de 140.000 participantes, el equipo multidisciplinar concluye que el nivel educativo, el dominio del idioma local y la situación laboral son las variables determinantes en la aceptación pública de este colectivo.
El metaanálisis, que procesó datos de cerca de 1,5 millones de perfiles ficticios de inmigrantes con diversas características, revela que las sociedades tienden a alejarse de una visión homogénea del fenómeno migratorio. Los encuestados en contextos geográficos y culturales muy distintos priorizaron de manera constante los atributos culturales, económicos y legales por encima de la nacionalidad. Según los investigadores, factores como haber sufrido persecución o poseer lazos familiares previos en el país de destino también incrementan significativamente la valoración positiva.
Consenso internacional y fractura ideológica interna
El estudio, dirigido por el investigador Marco Aviña, subraya un hallazgo relevante para el diseño de políticas públicas: no existen naciones estrictamente «proinmigrantes» o «antiinmigrantes» de forma uniforme. Por el contrario, las mayores discrepancias de opinión se producen dentro de las propias fronteras nacionales, siguiendo líneas de fractura ideológicas y políticas. A pesar de estas diferencias internas, el patrón de preferencia por inmigrantes con alta cualificación o estatus legal regularizado se mantiene estable a nivel global.
La integración percibida actúa como el principal motor de aceptación. Aquellos individuos que son visualizados como participantes activos en la economía cotidiana o que demuestran una conexión comunitaria sólida reciben una calificación más favorable. Este dato desafía la premisa común en el debate público de que la nacionalidad es el factor central de fricción en la convivencia ciudadana.
Contradicciones en la percepción humanitaria
El informe también identifica contradicciones sistémicas en la opinión pública. Aunque existe un respaldo mayoritario hacia las personas que huyen de contextos de violencia o conflictos armados, los participantes mostraron reticencias ante inmigrantes con discapacidades físicas o trastornos de estrés postraumático (TEPT). Esta dualidad genera una «expectativa poco razonable», según los expertos, dado que las condiciones de violencia de las que escapan son, frecuentemente, la causa directa de dichas secuelas físicas o psicológicas.
Desde una perspectiva jurídica, el estudio advierte que las normativas migratorias suelen categorizar a los individuos basándose en estas etiquetas (económicas, legales o humanitarias), asignando derechos específicos que a menudo no se ajustan a la realidad compleja de los desplazamientos humanos. Esta fragmentación de derechos basada en el perfilado del inmigrante refuerza las dicotomías entre quienes son considerados «deseables» y quienes no.
El impacto del discurso público y los medios
Finalmente, la investigación destaca la responsabilidad de los medios de comunicación y los actores políticos en la construcción de la percepción social. El estudio concluye que enfatizar las contribuciones socioeconómicas y la participación comunitaria de los inmigrantes reduce la polarización, mientras que los discursos centrados exclusivamente en la seguridad o en dilemas morales abstractos suelen exacerbar el rechazo.
La evidencia presentada en Science Advances sugiere que el apoyo público a la migración es maleable y depende en gran medida de cómo se presente la figura del inmigrante dentro del tejido social y productivo de la nación receptora.


