Rusia registra desabastecimiento de combustible en más de 40 regiones tras ataques a su infraestructura energética
La Federación de Rusia enfrenta actualmente restricciones en el suministro de combustible que afectan a más de 40 regiones del país, incluyendo núcleos urbanos principales como Moscú, San Petersburgo y Novosibirsk. Esta situación, reconocida por las autoridades locales y medios económicos rusos, es consecuencia directa de la intensificación de la campaña de ataques con drones por parte de Ucrania contra la red de refinado de petróleo, lo que ha alterado la percepción de normalidad que el Kremlin ha intentado mantener desde el inicio del conflicto.
Según estimaciones de analistas del sector citadas por el diario Financial Times, las incursiones aéreas ucranianas han logrado comprometer temporalmente entre el 20% y el 40% de la capacidad de refinado de crudo en territorio ruso. Las cifras oficiales de junio reflejan que las refinerías procesaron una media de 4,1 millones de barriles diarios, lo que representa una disminución del 28% respecto al promedio de los últimos cinco años y un 35% por debajo de la capacidad nominal de las instalaciones.
La escasez se ha manifestado en largas filas en estaciones de servicio y la desaparición temporal de determinados tipos de gasolina. En Nizhni Nóvgorod, las autoridades han reportado una caída del 25% en el suministro, mientras que la demanda se ha incrementado entre un 60% y un 70%. En destinos turísticos como Anapa, en el mar Negro, se han implementado restricciones de venta limitadas a 20 litros por vehículo, bajo supervisión de voluntarios para mantener el orden público.
Desde el punto de vista estratégico, los ataques de Kiev han alcanzado diez de las refinerías más críticas, incluyendo la planta de Omsk, situada a 2.500 kilómetros de la línea de frente. Expertos militares señalan que este cambio en la estrategia ucraniana busca convertir la infraestructura energética, históricamente una fortaleza económica de Moscú, en una vulnerabilidad logística. El objetivo sería obligar al mando ruso a dispersar sus sistemas de defensa antiaérea para proteger instalaciones civiles alejadas del combate convencional.
El Gobierno ruso ha respondido a la crisis con medidas de carácter urgente. Moscú ha decretado una prohibición temporal a las exportaciones de diésel para priorizar el abastecimiento del mercado interno y ha iniciado la importación de combustible para aliviar el déficit. Aunque el presidente Vladímir Putin ha reconocido públicamente que los ataques están generando inconvenientes, la narrativa oficial sostiene que la situación se mantiene bajo control y no reviste un carácter crítico para la economía nacional.
No obstante, medios de comunicación rusos como Kommersant y RBC coinciden en señalar la gravedad del «déficit agudo» en diversas provincias. La situación ha forzado a los ciudadanos a utilizar herramientas colaborativas digitales para localizar puntos de suministro activos, un fenómeno que evidencia el impacto directo de la guerra en la vida cotidiana de la población rusa, desafiando el compromiso de estabilidad interna proyectado por el Estado desde febrero de 2022.


