Un balance cuantitativo con consecuencias sociales
El informe presentado por Covite recoge la existencia de aproximadamente 135 actos celebrados durante la temporada festiva en el País Vasco y Navarra que, según la organización, muestran apoyo explícito a ETA. De esa cifra, una parte relevante —cerca de una veintena y media— habría contado con algún grado de participación o aval por parte de ayuntamientos gestionados por determinados grupos políticos, lo que abre preguntas sobre la línea entre la programación municipal y la promoción de mensajes que muchos consideran inaceptables.
Cuándo la logística pública facilita la visibilidad
Que actos de este tipo formen parte del calendario oficial de festejos implica, en la práctica, que recursos municipales —espacios, permisos o difusión— se emplean para una manifestación que para numerosos ciudadanos supone la exaltación de delitos graves. Esta circunstancia obliga a analizar cómo se gestionan las solicitudes de uso de espacios públicos y qué criterios aplican las corporaciones locales al autorizar actividades en las programaciones festivas.
Un ejemplo distinto al habitual: imagínese una feria veraniega en una costa pequeña donde una carpa financiada con fondos municipales acoge un concierto que ensalza la figura de un condenado. Aunque el contexto sea festivo, la decisión de ceder el escenario y promocionar el evento corresponde a responsabilidades administrativas que pueden y deben evaluarse.
Impacto sobre las nuevas generaciones y la memoria democrática
Los entornos festivos atraen sobre todo a jóvenes. La presencia reiterada de iconografía o lemas que reivindican a personas relacionadas con el terrorismo puede distorsionar la comprensión histórica entre la juventud. La sociología política muestra que la repetición y normalización en espacios de ocio facilitan la interiorización de discursos que, en otros ámbitos, serían cuestionados.
- Exposición repetida a simbología: favorece la familiaridad y, con ella, la tolerancia.
- Ausencia de contrapesos educativos durante las celebraciones: reduce la oportunidad de contextualizar o denunciar.
- El entorno lúdico minimiza la percepción de daño moral causado a víctimas y familiares.
Por ello, no basta con censurar puntualmente: es necesario incorporar en los planes educativos municipales actividades previas y paralelas que preserven la memoria y promuevan valores cívicos.
Marco legal y comparaciones internacionales
En el debate público aparecen propuestas para sancionar administrativamente estas conductas. En otros países europeos —por ejemplo, en la interpretación estricta de la legislación francesa o alemana sobre apología del terrorismo— existen precedentes de multas y clausuras. Adaptar mecanismos similares exige precisión jurídica y garantías de proporcionalidad para no vulnerar libertades fundamentales, pero tampoco puede convertirse en un trámite simbólico sin efectos reales.
Una ruta práctica sería el diseño de ordenanzas municipales que definan con claridad qué comportamientos y símbolos quedan excluidos de la programación oficial y qué sanciones administrativas —con criterios graduados— se aplicarán cuando se detecten incumplimientos.
Responsabilidad comunitaria y respuesta civil
Además del control administrativo, la sociedad civil tiene un papel decisivo. Asociaciones vecinales, entidades culturales y comunidades educativas pueden generar contraprogramación, campañas informativas y espacios de recuerdo para las víctimas. Estas iniciativas no solo denuncian, sino que reconstruyen narrativas alternativas que evitan la impunidad simbólica.
- Organizar mesas redondas en paralelo a las fiestas para explicar el impacto del terrorismo.
- Crear exposiciones itinerantes que recuerden a las víctimas, evitando confrontaciones directas en los actos festivos.
- Fomentar códigos de conducta entre las peñas y comparsas para rechazar la normalización de mensajes de odio.
Propuestas concretas para prevenir la glorificación
Algunas medidas de aplicación inmediata que combinan prevención y sanción son:
- Protocolos claros para la cesión de espacios municipales que incluyan cláusulas sobre apología de delitos graves.
- Mecanismos rápidos de retirada de material no autorizado durante fiestas, con criterios legales y transparencia.
- Programas educativos estivales dirigidos a jóvenes que expliquen el valor de la memoria democrática y los daños del terrorismo.
Conclusión: restaurar el espacio público y proteger la convivencia
El registro de 135 actos detectados plantea un reto doble: por un lado, corregir prácticas administrativas que permiten la visibilidad de mensajes que vulneran el respeto a las víctimas; por otro, fortalecer la respuesta social y educativa para impedir que la glorificación encuentre sitio en el ocio colectivo. La combinación de normas municipales efectivas, herramientas sancionadoras proporcionadas y una movilización cívica informada puede contribuir a que las fiestas sigan siendo espacios de encuentro sin convertirse en escaparates de reivindicaciones que dañan la convivencia.


