EE.UU. comunica al Congreso la propuesta de venta de 48 cazas F-35 a Arabia Saudí por 24.300 millones de dólares
El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha remitido una notificación oficial al Congreso sobre su intención de proceder con la venta de armamento avanzado al Reino de Arabia Saudí. La operación, que alcanza una cifra estimada de 24.300 millones de dólares (aproximadamente 21.160 millones de euros), incluye el suministro de hasta 48 aviones de combate de quinta generación F-35, según confirmaron fuentes gubernamentales.
A través de un comunicado institucional, la administración estadounidense justificó la transacción al señalar que esta «respaldará los objetivos de política exterior y seguridad nacional de Estados Unidos». El documento subraya que la medida busca mejorar la capacidad defensiva de un aliado estratégico no perteneciente a la OTAN, calificando a Riad como una fuerza determinante para la estabilidad política y el desarrollo económico en la región del Golfo.
Esta notificación al legislativo se produce en un contexto de complejidad diplomática y militar en Oriente Próximo. Las negociaciones internacionales para reactivar los acuerdos con Irán se encuentran actualmente en una fase de estancamiento, mientras que, en el terreno operativo, se ha registrado un repunte de las hostilidades en el conflicto de Yemen.
Desde principios de septiembre, las fuerzas gubernamentales yemeníes, apoyadas por la coalición liderada por Arabia Saudí, han enfrentado una ofensiva de los rebeldes hutíes en la costa occidental del país. Este avance insurgente ha afectado a localidades estratégicas en la zona del estrecho de Bab el Mandeb, un enclave fundamental para el comercio marítimo internacional.
El proceso legislativo que se inicia tras esta notificación permitirá al Congreso de los Estados Unidos revisar los términos de la venta. De recibir la conformidad definitiva, la operación consolidaría a Arabia Saudí como uno de los principales operadores de aviación de combate en la región, en un momento en que la seguridad energética y la contención de las tensiones regionales vuelven a ocupar el primer plano de la agenda de Washington.


