El testimonio de Mikel Lejarza arroja luz sobre el plan de «Pertur» para la disolución política de ETA
Casi cinco décadas después de la desaparición de Eduardo Moreno Bergareche, conocido como «Pertur», los testimonios recogidos por el agente infiltrado Mikel Lejarza, alias «El Lobo», perfilan la existencia de una estrategia interna que buscaba transformar la organización terrorista ETA en una formación política legal durante la Transición española. El plan, que chocó frontalmente con el sector más radical de la banda, contemplaba un cese de la actividad armada condicionado a una amnistía total tras la ejecución de una serie de acciones de gran impacto mediático.
Eduardo Moreno Bergareche desapareció el 23 de julio de 1976 en San Juan de Luz. Según los relatos de la época, fue visto por última vez en compañía de figuras del sector militar como «Pakito» y «Apala». La tesis sostenida por diversos analistas y testigos apunta a que el enfrentamiento ideológico entre la rama política, liderada por Moreno Bergareche, y la rama militar fue el detonante de un desenlace que impidió la evolución de la banda hacia el juego democrático en los albores de la democracia.
Mikel Lejarza, quien operó infiltrado en la estructura de la banda entre 1974 y 1975, ha detallado cómo el servicio secreto español logró acceder a los documentos estratégicos de Moreno Bergareche. A través de una operación de inteligencia en Bilbao, los agentes interceptaron temporalmente una maleta con documentación del partido EIA (Euskal Iraultzarako Alderdia), la cual contenía las directrices para la reconversión de la organización tras el fin de la dictadura de Francisco Franco.
El diseño de Moreno Bergareche, según los informes del infiltrado, no consistía en una rendición inmediata, sino en un «órdago al Estado». La hoja de ruta incluía operaciones de gran envergadura, como el secuestro de personalidades de la relevancia de Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate o del conde de Godó, así como la facilitación de fugas masivas de presos, concretamente la de la cárcel de Segovia. El objetivo final era utilizar estos activos como moneda de cambio para negociar una salida política global y un mitin internacional en Portugal que certificara el fin de la lucha armada.
El testimonio de Lejarza destaca la figura de «Pertur» como un dirigente con una visión diferenciada del resto de la cúpula, menos proclive al militarismo y más enfocado en la doctrina política. No obstante, esta postura generaba una tensión insostenible con los sectores que apostaban por la persistencia del terrorismo. La caída de gran parte de la infraestructura de ETA tras la labor de infiltración de «El Lobo» terminó por desarticular la viabilidad de este plan de transición controlada.
Tras la desaparición de Moreno Bergareche y el fracaso de su propuesta política, el control de la organización fue asumido por las facciones más duras, lo que derivó en la etapa más sangrienta de la banda terrorista. La figura de «Pertur» permanece como el principal exponente de una vía que pudo haber alterado el curso del conflicto en el País Vasco, pero que fue truncada por la propia dinámica interna de violencia de la organización.


