Fernando Vallespín analiza el retorno del Estado y los desafíos de la democracia frente a la polarización
El catedrático emérito de Ciencia Política y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Fernando Vallespín, ha advertido sobre un cambio de era marcado por el regreso al concepto del «Leviatán» de Thomas Hobbes. En un análisis sobre la actualidad política, el académico señala que la crisis de los ideales ilustrados, el avance del control tecnológico y la polarización institucional están reconfigurando la relación entre el Estado y el ciudadano, poniendo en riesgo los cimientos de la democracia liberal.
Según Vallespín, la sociedad contemporánea está experimentando una vuelta clara hacia el Estado, motivada por una creciente sensación de «menesterosidad social» y dependencia de servicios básicos, una realidad que se hizo evidente durante la pandemia. Este fortalecimiento del poder estatal, sin embargo, no está exento de riesgos, especialmente ante la aparición de derivas autoritarias que disuelven la pluralidad en favor de una seguridad que, en regiones como América Latina, se ha convertido en el bien público más demandado.
El politólogo destaca que el control estatal ha evolucionado hacia formas «silenciosas pero implacables» gracias a la inteligencia artificial y la acumulación masiva de datos. Vallespín alerta sobre el uso de tecnologías para escudriñar la vida privada, citando casos como el de China o el escándalo de Cambridge Analytica, donde la información personal se utiliza para dirigir campañas políticas y alcanzar objetivos partidistas, eliminando las salvaguardas tradicionales frente al poder.
En el contexto español, el académico manifiesta su preocupación por la polarización, la cual califica como un fenómeno «construido de arriba hacia abajo» que satisface fines de parte en lugar del interés general. Vallespín señala que esta división está afectando la legitimidad de las instituciones, mencionando la desconfianza ciudadana en la independencia del Poder Judicial como un síntoma de la degradación del espacio público y la pérdida de un suelo común de entendimiento.
Respecto a la crisis de civilización actual, Vallespín sostiene que se ha quebrado la identidad europea asociada al progreso continuo. La desorientación de las nuevas generaciones, que ya no perciben el futuro como un lugar de mejora, ha dado pie al surgimiento de movimientos de insatisfacción y al fortalecimiento de la extrema derecha en diversos puntos de Europa, alimentados por un resentimiento social y una visión étnica de la nación.
Finalmente, el director de la Revista de Occidente reivindica la vigencia de los pensadores clásicos como antídoto frente a los discursos simplificadores y la «sociedad de la intolerancia». Para el catedrático, la pérdida de autoridad intelectual y el declive de la figura del intelectual público han dejado a la sociedad desprotegida ante la política de la posverdad y la cultura de la cancelación, fenómenos que dificultan la admisión de posiciones divergentes esenciales para la convivencia democrática.


