La Cedeao ratifica el acuerdo para el megaproyecto del gasoducto entre Nigeria y Marruecos con destino a Europa
La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (Cedeao) ha formalizado su respaldo al desarrollo del Gasoducto Africano Atlántico, una infraestructura estratégica diseñada para transportar gas natural desde Nigeria hasta Marruecos y, posteriormente, al mercado energético de la Unión Europea a través del estrecho de Gibraltar. El acuerdo intergubernamental, firmado en Freetown, Sierra Leona, por los jefes de Estado y de Gobierno del bloque regional, supone el desbloqueo político de un proyecto cuya inversión se estima entre los 25.000 y 27.000 millones de dólares.
El proyecto, impulsado de forma conjunta por la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas de Marruecos (Onhym) y la Nigerian National Petroleum Company (NNPC), contempla un trazado de aproximadamente 6.900 kilómetros que recorrerá la fachada occidental del continente. La infraestructura está diseñada para bordear la costa atlántica, conectando los yacimientos nigerianos con los países de la región antes de alcanzar territorio marroquí y enlazar con el actual Gasoducto Magreb-Europa (GME), que conecta con la red española en Tarifa.
En términos operativos, el gasoducto tendrá una capacidad de transporte anual de 30.000 millones de metros cúbicos de gas natural. Según las previsiones técnicas, el 50% del suministro se destinará al consumo interno de los países africanos participantes, mientras que la otra mitad se reservará para cubrir las demandas energéticas de Marruecos y del continente europeo. El cronograma establecido fija la llegada del primer suministro a la red marroquí y la conexión con Europa para el año 2031, aunque la operatividad integral del sistema no se alcanzará hasta 2046.
Tras la firma de este acuerdo, la siguiente fase administrativa consistirá en la creación de una sociedad gestora con sede en Casablanca. Esta entidad será la responsable de captar el capital necesario, gestionar los contratos de construcción y formalizar los acuerdos de compraventa de gas. Por su parte, la gobernanza regulatoria y la supervisión técnica se centralizarán en Abuya, Nigeria. El tramo marroquí del proyecto sumará 2.220 kilómetros, tocando tierra en la zona de Dajla y extendiéndose hacia el norte hasta la provincia de Uezán.
Desde una perspectiva geopolítica, la ruta atlántica se posiciona como una alternativa al Gasoducto Transahariano promovido por Argelia. Aunque la opción marroquí presenta una mayor longitud y costes de ejecución superiores, su diseño por aguas atlánticas permite evitar la inestabilidad política y los riesgos de seguridad asociados a la región del Sahel, por donde discurriría el trazado argelino. Este movimiento consolida la posición de Marruecos como intermediario energético clave entre el África subsahariana y la península ibérica.
El desarrollo de esta infraestructura también refuerza el papel estratégico de Andalucía en el mapa energético europeo. La conexión en Tarifa y la vinculación con las plantas de regasificación de Huelva y las zonas industriales de la bahía de Algeciras sitúan a la región como la principal puerta de entrada del gas africano. En previsión de las normativas de sostenibilidad de la Unión Europea, el diseño técnico del gasoducto ya contempla su futura adaptación para el transporte de mezclas de gas natural e hidrógeno verde.
El principal desafío restante para la viabilidad del proyecto radica en la financiación a gran escala. Si bien ha contado hasta la fecha con el apoyo de instituciones vinculadas a la OPEP y al Banco Islámico de Desarrollo para las fases de estudio, la decisión final de inversión deberá concretarse antes del cierre de 2026. Se estima que las obras de construcción comenzarán de manera efectiva entre 2027 y 2028, cumpliendo así con los plazos previstos en la hoja de ruta firmada en Sierra Leona.


