Estados Unidos y Arabia Saudí alcanzan un acuerdo estratégico de cooperación nuclear civil
El Gobierno de Estados Unidos y el Reino de Arabia Saudí han formalizado este miércoles un acuerdo marco de cooperación nuclear con fines pacíficos. El pacto busca fortalecer la relación comercial bilateral y facilitar la participación de la industria estadounidense en el desarrollo del programa de energía atómica saudí, sentando las bases legales para una asociación multimillonaria que se extenderá durante las próximas décadas bajo la premisa de la prosperidad económica y la seguridad energética.
El secretario de Energía de EE. UU., Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salmán, fueron los encargados de suscribir el documento. Según el comunicado emitido por el Departamento de Energía estadounidense, el convenio permitirá la exportación de tecnología nuclear avanzada y la creación de empleos especializados en Estados Unidos, al tiempo que refuerza la postura de Washington en materia de seguridad nacional y profundiza la alianza estratégica con Riad.
El acuerdo, que ahora deberá ser remitido al Congreso de los Estados Unidos para su revisión técnica y legislativa, contempla el cumplimiento de altos estándares de seguridad y no proliferación. No obstante, el texto ha generado un intenso debate en Washington ante la posibilidad de que facilite a Arabia Saudí el acceso al enriquecimiento de uranio y al reprocesamiento de plutonio, capacidades tecnológicas que históricamente han sido restringidas en acuerdos similares con otros aliados para prevenir la carrera armamentista.
Desde el Congreso, las primeras reacciones no se han hecho esperar. El representante demócrata Gregory Meeks, miembro de alto rango del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, manifestó su preocupación por la posible erosión de los estándares internacionales de no proliferación. Meeks subrayó que cualquier pacto nuclear debe estar supeditado a límites estrictos y a la adopción del Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que garantiza inspecciones más exhaustivas en las instalaciones.
En el ámbito diplomático y técnico, expertos en seguridad han advertido sobre las consecuencias geopolíticas de este giro en la política exterior estadounidense. Thomas Countryman, exsubsecretario de Estado para la No Proliferación, señaló que la medida podría comprometer cincuenta años de liderazgo de Washington en la arquitectura global de desarme. Por su parte, la exembajadora ante el OIEA, Laura Kennedy, calificó el pacto como un precedente que podría complicar los esfuerzos internacionales por contener el programa nuclear de Irán.
Asimismo, organizaciones especializadas como Arms Control Now han criticado que el acuerdo priorice salvaguardias bilaterales en lugar de los protocolos intrusivos del OIEA. Según la directora de No Proliferación de dicha entidad, Kelsey Davenport, la negociación de «acuerdos personalizados» debilita el régimen de supervisión global y abre la puerta a que otros proveedores, como Rusia, establezcan sus propios marcos de cooperación con menores exigencias de transparencia internacional.
El Ministerio de Energía de Arabia Saudí, en su propia declaración, defendió la firma del convenio como una herramienta para el intercambio de conocimientos y tecnologías de vanguardia. Ambas administraciones mantienen que el acuerdo se ajusta a los más altos niveles de protección nuclear, mientras los sectores industriales de ambos países aguardan el inicio de la fase operativa tras la validación parlamentaria en el Capitolio.


