Documentos revelan presión de Isabel II para nombrar al príncipe Andrés como enviado comercial
Documentos oficiales desclasificados recientemente confirman que la reina Isabel II intervino ante el Gobierno británico en el año 2000 para asegurar el nombramiento de su hijo, el entonces príncipe Andrés, como «enviado comercial» del Reino Unido. La correspondencia entre el Palacio de Buckingham y la administración laborista de Tony Blair detalla el interés de la monarca en facilitar una transición de alto perfil para el duque de York tras la finalización de su carrera militar en la Armada.
Según los archivos hechos públicos este jueves, David Wright, quien fuera director ejecutivo del departamento de Comercio Británico Internacional, comunicó al Ejecutivo el deseo explícito de la soberana. En las misivas enviadas hace más de dos décadas, Wright señalaba que la reina buscaba que su hijo sucediera al duque de Kent en el cargo, argumentando que la adopción de ese papel era una «opción natural» ante la falta de otros miembros de la familia real disponibles para la promoción de los intereses nacionales.
El príncipe Andrés asumió formalmente la representación comercial en 2001, desempeñando el cargo durante una década. El rol, cuyas funciones han sido calificadas por analistas institucionales como difusas, permitía al duque encabezar delegaciones internacionales para fomentar las exportaciones y las inversiones británicas. No obstante, su gestión finalizó abruptamente en 2011 tras la divulgación de sus vínculos con el financiero Jeffrey Epstein y sus relaciones con representantes de naciones cuestionadas por casos de corrupción, como Túnez, Kazajistán y Azerbaiyán.
Los informes revelan asimismo que, durante su mandato, el duque incurrió en elevados gastos de viaje y alojamiento financiados por el erario público. La afición por el lujo y los elevados desembolsos relacionados con sus misiones diplomáticas han sido objeto de escrutinio parlamentario y mediático en los últimos años, coincidiendo con el deterioro de su imagen pública debido a sus procesos judiciales en Estados Unidos.
Tras el escándalo derivado del caso Epstein, el actual monarca, Carlos III, ha consolidado el distanciamiento institucional de su hermano. El pasado mes de octubre, el rey le retiró definitivamente el tratamiento de «príncipe», limitando su identificación legal a sus apellidos, Andrés Mountbatten-Windsor. Asimismo, se le ordenó el desalojo de su residencia en los dominios de Windsor, completando así su desvinculación total de las funciones de Estado y de la representación activa de la Corona británica.


