miércoles, mayo 20, 2026
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Lorca en Vermont: El amante americano y Philip Cummings

La publicación del ensayo biográfico «Lorca en Vermont», de la especialista estadounidense Patricia A. Billingsley, ha arrojado luz sobre uno de los episodios menos documentados en la trayectoria del poeta Federico García Lorca: su estancia en el lago Eden durante el verano de 1929. La investigación analiza el impacto emocional y creativo de aquellos diez días de agosto en la composición de su obra «Poeta en Nueva York», desvelando detalles sobre su relación con el joven Philip Cummings y el descubrimiento temprano de la lírica de Walt Whitman.

Según la documentación presentada por la autora, el vínculo entre el poeta granadino y Cummings se originó en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1928. Tras el viaje de Lorca a Estados Unidos en 1929 —motivado en parte por una crisis personal tras su ruptura con el escultor Emilio Aladrén y las tensiones intelectuales con Salvador Dalí y Luis Buñuel—, el autor aceptó la invitación de Cummings para trasladarse a la cabaña familiar en Vermont. Este periodo funcionó como un bálsamo frente a la depresión y el impacto negativo que la metrópolis neoyorquina causó inicialmente en el escritor.

El libro de Billingsley aborda lo que denomina una «conspiración de silencio» que rodeó este encuentro durante décadas. El clima de homofobia imperante en la época impidió que tanto Cummings como el entorno cercano de Lorca hicieran públicos los detalles de su relación. La obra sitúa a Cummings dentro del mapa afectivo del poeta, junto a figuras como Rafael Rodríguez Rapún o Juan Ramírez de Lucas, y subraya cómo la vivencia en Vermont impregnó la simbología de su producción literaria posterior.

Uno de los hallazgos más destacados del estudio es la tesis de que Lorca profundizó en la obra de Walt Whitman a través de una edición de «Hojas de hierba» que Cummings poseía en Vermont. La autora sostiene que ambos colaboraron en la traducción de poemas, lo que habría influido directamente en la composición de la «Oda a Walt Whitman». Este dato contradice la versión tradicional que atribuía a León Felipe el mérito de haber introducido al granadino en la obra del bardo estadounidense poco tiempo después.

A pesar de la rigurosidad documental del ensayo, la crítica advierte que la autora incurre en ocasiones en la especulación biográfica al intentar reconstruir diálogos o detalles específicos no registrados en las fuentes. No obstante, el volumen se consolida como una pieza fundamental para la interpretación de la sección de «Poeta en Nueva York» titulada «Poemas del lago Eden Mills», que incluye piezas fundamentales como «Cielo vivo» y «Doble poema del lago Eden», donde Lorca manifiesta su deseo de libertad humana y afectiva.

La estancia en Vermont se suma así a los otros interludios rurales que Lorca vivió en el noreste de Estados Unidos, invitado por académicos como Ángel del Río y Federico de Onís, conformando un mapa geográfico y sentimental que permitió al poeta transformar su angustia urbana en uno de los pilares de la literatura española del siglo XX.

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