La Fundación Norman Foster consolida su sede global en un palacete histórico de Madrid
La Fundación Norman Foster ha establecido su centro de operaciones global en un inmueble de alto valor patrimonial situado en el número 48 de la calle Monte Esquinza, en el distrito de Chamberí. El edificio, un palacete construido a principios del siglo XX, funciona actualmente como sede institucional, archivo y centro de estudio, tras una exhaustiva rehabilitación que integra la arquitectura palaciega madrileña con elementos de diseño contemporáneo y alta tecnología.
El inmueble, una residencia proyectada en 1912 por el arquitecto Joaquín Saldaña para el Duque de Plasencia, está catalogado como bien protegido. A lo largo de su historia, la estructura ha albergado diversas instituciones de relevancia, incluyendo la Embajada de Turquía durante cinco décadas y, posteriormente, la sede de una entidad bancaria. En el año 2013, la fundación adquirió la propiedad por un importe de 9,2 millones de euros para convertirla en el eje de las actividades internacionales del arquitecto británico en España.
La intervención arquitectónica, dirigida por el propio Norman Foster, se ha centrado en el diálogo entre el patrimonio histórico y la vanguardia. El proyecto de restauración recuperó los elementos originales del caserón de Saldaña, tales como fachadas, suelos de madera y molduras ornamentales. En el espacio del patio interior se incorporó un pabellón de estructura ligera, caracterizado por paredes de cristal sin marcos y una cubierta suspendida de fibra de carbono que emula el perfil de un ala de avión, optimizando la entrada de luz natural y la fluidez espacial.
En términos funcionales, el complejo se distribuye en cuatro plantas que albergan una combinación de galerías de exposición, archivo técnico y una biblioteca especializada. Estas instalaciones custodian décadas de producción arquitectónica, incluyendo miles de planos originales, maquetas de proyectos emblemáticos como el aeropuerto de Hong Kong y cuadernos de bocetos. Asimismo, el edificio integra piezas de arte contemporáneo de autores como Ai Weiwei y Cristina Iglesias, además de mobiliario de diseño industrial y el histórico automóvil Dymaxion de 1933.
El diseño exterior se articula mediante una dualidad de jardines con propósitos diferenciados. El patio principal actúa como espacio de recepción y eventos públicos, presidido por una escultura de fibra de carbono de Cristina Iglesias que regula la incidencia solar. Por otro lado, un segundo jardín de carácter privado está orientado a la investigación y la contemplación, proporcionando un entorno silente para becarios y académicos que acuden a la institución para consultar el fondo documental de la fundación.
La consolidación de este espacio en el barrio de Almagro refuerza la posición de Madrid en el circuito internacional de la arquitectura y el urbanismo. La fundación, liderada por Foster junto a la comisaria Elena Ochoa, no solo preserva el legado del Premio Pritzker, sino que opera como un laboratorio de pensamiento donde se desarrollan ponencias y programas educativos destinados a jóvenes profesionales de todo el mundo.


