miércoles, abril 22, 2026
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Quiénes fueron los protagonistas del intento de golpe del 23-F

El Contexto Político de la España Post-Transición

El 23 de febrero de 1981, España experimentó un momento crítico que puso a prueba la fragilidad de su joven democracia. La intentona golpista, conocida como el 23-F, no fue solo un suceso aislado, sino el resultado de complejas tensiones políticas y militares. Comprender las figuras clave, tanto entre los que orquestaron la rebelión como quienes la frustraron, es esencial para analizar los desafíos que enfrentaba el país y el camino hacia la consolidación de las instituciones democráticas.

Los Impulsores del Levantamiento Militar

La sublevación fue orquestada por militares y un civil con la intención de revertir el proceso democrático y restaurar un orden autoritario.

Antonio Tejero, teniente coronel de la Guardia Civil, fue la figura más visible. Su asalto al Congreso con fusil en mano y el secuestro del Gobierno y diputados marcó el inicio de la intentona. Condenado a la pena máxima por rebelión militar, fue el último implicado en salir de prisión.

El Capitán General Jaime Milans del Bosch fue otro cabecilla fundamental. Decretó el estado de excepción en Valencia y desplegó tanques, buscando una adhesión militar más amplia. Su iniciativa no prosperó, siendo condenado a treinta años de prisión por rebelión militar.

El general Alfonso Armada se perfilaba como el presidente de un «gobierno de salvación nacional» golpista, buscando una salida «moderada». Fue destituido, arrestado y condenado a treinta años, aunque indultado por salud. Representaba la faceta política de la conspiración.

El comandante Ricardo Pardo Zancada y el coronel José Ignacio San Martín, de la División Acorazada Brunete, tuvieron roles operativos. Pardo Zancada se unió a la ocupación del Congreso y participó en manifiestos, actuando como enlace. San Martín orquestó el despliegue de unidades para controlar puntos clave como TVE, buscando dominar la información. Ambos fueron condenados.

Juan García Carrés, un civil exdirigente sindical franquista, implicó a sectores no militares en la conspiración. Su condena evidenció la red de apoyos civiles nostálgicos del régimen, mostrando la complejidad de la trama golpista.

Los Defensores Inquebrantables de la Democracia

Frente a la crisis, líderes políticos y militares demostraron una firmeza ejemplar en defensa del orden constitucional.

Adolfo Suárez, presidente en funciones, mantuvo una serenidad inquebrantable en el hemiciclo. Su negativa a ceder ante los golpistas fue un símbolo de la resistencia institucional, consolidando su compromiso con la transición democrática que él mismo había liderado.

El teniente general y vicepresidente Gutiérrez Mellado se enfrentó valientemente a Tejero, rechazando sus órdenes. Este acto de gallardía reafirmó la lealtad constitucional de las Fuerzas Armadas y envió un mensaje de autoridad moral que marcó la noche.

Como director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína García coordinó la respuesta institucional ante el secuestro del Gobierno. Presidió la Comisión Permanente de Secretarios de Estado, asumiendo de facto la jefatura del Gobierno para mantener la operatividad estatal y evitar un vacío de poder.

El Rol Decisivo de la Casa Real

La intervención monárquica fue decisiva para contener a los golpistas y asegurar la estabilidad democrática.

La aparición televisada del rey Juan Carlos I, a la 1:14 de la madrugada, fue el punto de inflexión. Su mensaje, con el uniforme de Capitán General, desautorizó la sublevación y reafirmó su compromiso con la Constitución. Este acto crucial selló el fracaso del golpe y consolidó al monarca como garante de la democracia.

Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa del Rey, fue el asesor clave del monarca. Su gestión de comunicaciones con los mandos militares leales fue vital para la estrategia real, permitiendo al Rey su decisiva intervención contra el golpe.

La Respuesta de las Fuerzas de Seguridad Leales

Otros mandos militares y policiales mostraron su lealtad, actuando con resolución para sofocar la rebelión.

José Luis Aramburu Topete (Director General Guardia Civil) intentó negociar con Tejero en el Congreso. José Sáenz de Santamaría Tinture (Inspector General Policía Nacional) coordinó el cerco policial exterior. Ambos demostraron la firmeza de las fuerzas leales, evitando una escalada y conteniendo a los golpistas.

Guillermo Quintana Lacaci (Capitán General I Región Militar) impidió la movilización de la División Acorazada Brunete, una acción crucial. José Gabeiras Montero (Jefe Estado Mayor Ejército de Tierra) desbarató los intentos de Milans del Bosch de sumar apoyos, confirmando la desautorización real del golpe.

El comandante José Luis Cortina Prieto del CESID fue una figura controvertida. Aunque absuelto, su caso ilustra la compleja red de relaciones y las ambigüedades en torno a las lealtades durante los preparativos y el desarrollo del 23-F.

Un Hito en la Consolidación Democrática Española

El 23-F es una fecha crucial en la historia de España. No solo fue un intento de subvertir el orden constitucional, sino una reafirmación de la democracia. Los roles de sus protagonistas, tanto golpistas como defensores, revelaron la fragilidad del momento y la fortaleza de la voluntad colectiva por la libertad. Este episodio reforzó la madurez institucional y la importancia de la vigilancia democrática, dejando una lección perdurable sobre la necesidad de proteger los valores constitucionales.

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