Expertos proponen integrar la evaluación de la condición física en las revisiones pediátricas rutinarias
La Red Española por una Infancia Activa y Saludable, junto con investigadores de diversas universidades nacionales, ha planteado la necesidad de incluir la evaluación de la condición física como un marcador de salud obligatorio en las consultas de pediatría. Esta iniciativa busca que la fuerza muscular y la resistencia cardiorrespiratoria sean monitorizadas desde la primera infancia para predecir y prevenir riesgos cardiovasculares, metabólicos y psicosociales en el futuro.
La propuesta técnica subraya que la debilidad física es una amenaza que puede detectarse de forma temprana mediante pruebas sencillas, rápidas y de bajo coste. Entre ellas destaca el test de prensión manual realizado con un dinamómetro, un instrumento que permite medir la fuerza de agarre en cuestión de segundos. Este marcador es considerado por la comunidad científica como un indicador robusto para identificar la dinapenia o baja fuerza muscular, permitiendo intervenciones clínicas antes de que se desarrollen patologías crónicas.
En el ámbito institucional, ya se han puesto en marcha proyectos que avalan esta metodología. Es el caso de la iniciativa Diactive-1, un proyecto de investigación que actualmente opera en 11 hospitales españoles y que utiliza la prueba de prensión manual para el diagnóstico y seguimiento de niños con diabetes tipo 1. Los expertos defienden que la estandarización de estos protocolos a nivel nacional permitiría recolectar datos poblacionales de gran valor para la salud pública.
Además de los beneficios fisiológicos, la evaluación de la condición física tiene un impacto directo en la salud mental. Los estudios demuestran que una buena capacidad muscular se asocia con menores niveles de ansiedad, una mejor autoestima y un mayor rendimiento académico. Por el contrario, la debilidad física a menudo se vincula con el estigma y la exclusión social en entornos deportivos y escolares, lo que refuerza la necesidad de abordar este factor desde una perspectiva de bienestar integral.
Finalmente, los especialistas recalcan que la eficacia de este sistema de vigilancia depende de la colaboración interdisciplinar. La propuesta insta a fortalecer el vínculo entre los pediatras, encargados del diagnóstico y la «receta» de actividad física, y los profesionales de la educación física, responsables de implementar programas de ejercicio personalizados y motivadores. Esta sinergia institucional se perfila como la estrategia clave para garantizar un estado de salud óptimo en las futuras generaciones.


