El Gobierno de España ha descartado, por el momento, impulsar una reforma legislativa de la Ley de Extranjería para ajustar el mecanismo de los rechazos en frontera —conocidos como «devoluciones en caliente»— a la reciente jurisprudencia del Tribunal Supremo. A pesar de que el Alto Tribunal ha identificado un vacío legal en la normativa vigente, el Ejecutivo sostiene que las medidas físicas de contención instaladas recientemente en los espigones de Ceuta y Melilla son suficientes para cubrir las carencias jurídicas detectadas.
La regulación actual de estas devoluciones data de 2015, cuando se introdujo una disposición adicional en la ley mediante la normativa de Protección de la Seguridad Ciudadana. No obstante, el Supremo señaló que el marco legal no contemplaba con precisión las entradas por vía marítima en zonas donde la barrera física no penetra profundamente en el mar, como ocurre en el espigón del Tarajal. Ante esta situación, el Ministerio del Interior procedió a la instalación de una barrera de 500 metros para delimitar físicamente la frontera, argumentando que con esta acción se subsana la interpretación judicial sin necesidad de cambiar la ley.
Expertos jurídicos consultados advierten de que la mera instalación de obstáculos físicos podría ser insuficiente ante posibles recursos judiciales de personas que logren bordear o superar dichas barreras. Según estas fuentes, una modificación puntual en la disposición adicional, tramitada mediante Real Decreto, blindaría jurídicamente el procedimiento. Se estima que dicha reforma contaría con el respaldo parlamentario suficiente, dado que las principales fuerzas de la oposición difícilmente votarían en contra de una medida que refuerza la seguridad jurídica en frontera.
En el ámbito institucional, el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) atraviesa una crisis interna tras la destitución de su responsable de comunicación y redes sociales. El cese se produjo después de que el organismo publicara un informe que cifraba en 49.000 las entradas irregulares en Ceuta durante una única jornada, una cifra que generó malestar en el Ministerio del Interior y en la jefatura del Gabinete de la Presidencia. La salida de la funcionaria, con ocho años de trayectoria en el puesto, ha provocado tensiones entre la dirección del departamento y el personal técnico.
Asimismo, se ha reportado una alteración en la política de transparencia del DSN, eliminando de los informes diarios las menciones específicas a la crisis migratoria en las ciudades autónomas. Esta medida coincide con un momento de alta presión en la frontera y con la convocatoria de nuevas acciones de entrada irregular difundidas a través de redes sociales para mediados de agosto.
A pesar del periodo estival, el Ejecutivo dispone de la infraestructura tecnológica necesaria, como la red de comunicaciones cifradas «Malla Bravo», para coordinar gabinetes de crisis o consejos de ministros de urgencia por videoconferencia. No obstante, la decisión política actual es mantener la gestión de la crisis a través de los canales ordinarios, sin convocar de forma extraordinaria a los órganos colegiados de seguridad nacional o proponer decretos de urgencia para solventar el entuerto jurídico señalado por el Supremo.


