El Reino Unido rechaza sumarse al bloqueo de EE. UU. en el estrecho de Ormuz y prioriza la vía diplomática
El primer ministro británico, Keir Starmer, ha desmarcado oficialmente al Reino Unido de la estrategia de bloqueo liderada por Estados Unidos en el estrecho de Ormuz. El líder laborista confirmó que la prioridad de su administración es asegurar la reapertura total de esta ruta marítima estratégica, distanciándose de la postura de control militar inmediato adoptada por el presidente estadounidense, Donald Trump.
En una entrevista concedida a Radio 5 de la BBC, Starmer subrayó que los esfuerzos diplomáticos y políticos del Gobierno británico están concentrados en garantizar la libre navegación en la zona. Según explicó el mandatario, Londres ha trabajado en las últimas semanas para conformar una coalición de naciones que abogue por mantener el estrecho operativo, evitando así una escalada que comprometa el suministro global de recursos energéticos.
La decisión británica responde fundamentalmente a preocupaciones económicas internas. Starmer advirtió que el cierre o la restricción del paso por el estrecho de Ormuz impide la llegada de petróleo y gas al mercado internacional, lo que se traduce de forma directa en un incremento de las facturas de energía para los ciudadanos. «No quiero que eso suceda», afirmó el primer ministro, vinculando la inestabilidad en la región con el aumento del coste de vida en el Reino Unido.
Esta postura se produce en un contexto de alta tensión internacional, tras el anuncio de Donald Trump de tomar el control del estrecho «con efecto inmediato». La determinación de la Casa Blanca surge tras el estancamiento de las negociaciones mantenidas con Irán en Pakistán. Por su parte, la República Islámica de Irán mantiene bloqueado este paso —por donde transita una quinta parte del crudo mundial— como respuesta a la ofensiva militar lanzada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.
Mientras el Reino Unido insiste en la desescalada, la situación en el estrecho de Ormuz sigue siendo crítica. El Gobierno británico atribuye gran parte del incremento de los costes operativos y energéticos a las acciones de Irán, pero considera que la solución debe pasar por la reapertura negociada y no por la participación en un bloqueo que podría agravar la crisis de suministros. Por su parte, fuentes diplomáticas en Pakistán han señalado que, pese al parón actual, los canales de diálogo entre Washington y Teherán no se han cerrado definitivamente.


