El cantante y compositor asturiano Víctor Manuel ha consolidado su faceta como prescriptor gastronómico a través de una gestión rigurosa de su alimentación y la de su entorno familiar. Residente en la colonia madrileña de Alfonso XIII junto a la artista Ana Belén, el intérprete ha hecho de la selección de productos de proximidad y el orden doméstico una extensión de su disciplina profesional, vinculando la salud nutricional con su rendimiento en los escenarios.
La dieta del artista se fundamenta en el consumo de productos frescos y de temporada, descartando los alimentos ultraprocesados. Su despensa y refrigerador actúan como una representación geográfica del territorio nacional, con especial énfasis en sus raíces asturianas. Entre los elementos recurrentes destacan quesos con denominación de origen como Cabrales, Gamonéu o Afuega’l pitu, además de compango de alta calidad destinado a la elaboración de platos tradicionales como la fabada o el pote asturiano.
La gestión de la compra recae personalmente en el cantante, quien defiende la importancia del mercado tradicional frente a las grandes superficies. Según ha manifestado el intérprete en diversas intervenciones, la selección directa de pescados, como el pixín o el bonito, y de verduras frescas, como alcachofas y legumbres, garantiza la calidad nutricional necesaria para mantener el ritmo de trabajo que exigen las giras y grabaciones actuales.
Por su parte, Ana Belén mantiene un régimen alimenticio orientado a la preservación de la voz y la forma física. Su espacio en la despensa familiar prioriza la proteína magra, como el pollo campero o el pavo de calidad, además de frutas frescas, yogures y agua mineral a temperatura ambiente. Esta combinación de perfiles culinarios —uno más enfocado en la elaboración de guisos tradicionales y otro en la sencillez nutricional— define el equilibrio doméstico de la pareja.
La filosofía doméstica de Víctor Manuel se rige por dos principios fundamentales: el orden sistemático y el aprovechamiento integral de los recursos. El cantante sostiene que la organización de la nevera es esencial para la eficiencia en la cocina, evitando el desperdicio alimentario. Bajo la premisa de que «no se tira nada», el artista promueve una cocina de aprovechamiento donde los restos de elaboraciones previas sirven de base para nuevas recetas saludables.
Esta trayectoria culinaria fue documentada por el propio artista en su obra autobiográfica «Antes de que sea tarde», donde relata su evolución vital a través de los platos que han marcado su trayectoria. Para el entorno familiar, que incluye a sus hijos Marina y David San José, la cocina se ha consolidado no solo como un espacio de nutrición, sino como un eje de reunión social y transmisión cultural, donde la gastronomía es tratada con el mismo rigor que su producción artística.


