Zunzunegui propone una revisión histórica de la conquista para superar el «trauma» nacional mexicano
El doctor en Humanidades y comunicador Juan Miguel Zunzunegui ha presentado su más reciente obra, «Hernán Cortés, encuentro y conquista», en la que plantea una profunda revisión de la historiografía oficial de México. El autor sostiene que el relato tradicional sobre la caída de Tenochtitlan ha sido construido de manera maniquea para sustentar un discurso de victimismo y rencor que, a su juicio, dificulta la comprensión de la identidad mestiza del país y su relación con España.
Según Zunzunegui, la narrativa que divide la historia entre «buenos» indígenas y «malos» españoles es una simplificación que ignora la realidad política de 1521. El investigador destaca que la victoria sobre el imperio mexica no fue un logro exclusivamente europeo, sino el resultado de una alianza estratégica liderada por Hernán Cortés, en la que participaron cerca de 99.000 guerreros indígenas provenientes de pueblos oprimidos por los aztecas, frente a apenas un millar de soldados castellanos.
La tesis del autor subraya que la figura de Cortés ha sido despojada de su complejidad diplomática y administrativa para ser convertida en un villano nacional. Zunzunegui argumenta que el capitán extremeño fue, ante todo, un estratega que supo capitalizar el descontento de los pueblos totonacas, tlaxcaltecas y otomíes. Para el académico, la etapa novohispana no debe verse como un paréntesis de oscuridad, sino como el periodo fundacional donde se gestó la cultura, la arquitectura y la gastronomía que definen al México contemporáneo.
En el ámbito político, el autor señala que el uso del «trauma de la conquista» ha sido una herramienta recurrente de diversos gobiernos mexicanos para desviar la atención de problemas estructurales actuales. Zunzunegui critica la exigencia de disculpas a la Corona española, calificándola como un acto de manipulación ideológica. A su entender, solicitar perdón por el proceso que dio origen a la nación mestiza equivale a negar la existencia misma del México actual, el cual es indisociable de su herencia hispana y cristiana.
Respecto a la controversia sobre los abusos cometidos durante la expansión imperial, el doctor en Humanidades reconoce la existencia de excesos, pero enfatiza que la Corona española estableció marcos legales y burocráticos para sancionarlos. Cita ejemplos como el procesamiento de Nuño Beltrán de Guzmán, quien fue juzgado y encarcelado por sus crímenes contra la población indígena, lo que demuestra, según el autor, que la política estatal no buscaba el exterminio, sino la integración de nuevos territorios bajo la ley de Castilla.
Finalmente, Zunzunegui hace un llamado a la reconciliación histórica y al reconocimiento de los 300 años de historia compartida que unen a México y España. Para el investigador, la superación de lo que define como una «esquizofrenia cultural» es esencial para que los ciudadanos de ambos lados del Atlántico comprendan el linaje común de la Hispanidad y dejen de percibir el pasado como un conflicto abierto que requiere resoluciones políticas contemporáneas.


