Pekín recluta a antiguos pilotos de la OTAN para adiestrar a sus fuerzas aéreas ante la alerta de los servicios de inteligencia
El Gobierno de China mantiene desde el año 2019 un programa sistemático de contratación de antiguos pilotos de combate de élite procedentes de diversos países de la OTAN. El objetivo de estas maniobras es el adiestramiento de los efectivos del Ejército Popular de Liberación en tácticas de combate occidentales, lo que ha generado una alerta de seguridad de máxima sensibilidad en las potencias aliadas. Esta fuga de conocimiento estratégico afecta principalmente a naciones como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Francia, entre otras.
En el marco de estas investigaciones, ha trascendido la vinculación indirecta de activos relacionados con la defensa española. Fuentes de solvencia confirman que al menos dos pilotos de caza españoles han fijado su residencia en China, si bien el Ministerio de Defensa no ha emitido por el momento una comunicación oficial que aclare si estos profesionales colaboran con el Ejecutivo de Pekín. Asimismo, se ha confirmado que un antiguo instructor estadounidense, que prestó servicio durante tres años en la Novena Escuadrilla de la Armada Española en la base de Rota adiestrando en el manejo de cazas Harrier, figura entre los especialistas contratados por las autoridades chinas.
Las operaciones de captación se articulan, según informes de inteligencia, a través de una empresa mediadora con sede en Sudáfrica. El régimen de Pekín ofrece paquetes de remuneración que alcanzan las 250.000 libras anuales (aproximadamente 290.000 euros), además de beneficios en especie como viviendas de lujo y escolarización para los hijos de los instructores. A cambio, los oficiales veteranos instruyen a los pilotos chinos en técnicas de ataque a tierra, combate aéreo y procedimientos para el empleo de misiles guiados por radar más allá del alcance visual.
La preocupación de los servicios de inteligencia occidentales no se limita al combate aéreo. Se han detectado intentos por mejorar las capacidades de guerra antisubmarina mediante el denominado «Proyecto Elgar». Esta operación secreta habría incluido la construcción y envío de simuladores que reproducen el interior del P-8 Poseidon, el avión de patrulla marítima utilizado por Reino Unido y Estados Unidos para la localización de sumergibles. Uno de estos cargamentos fue interceptado por la inteligencia estadounidense en Singapur antes de alcanzar territorio continental chino.
Ante esta situación, tanto Londres como Washington han iniciado la implementación de medidas legales y administrativas para frenar estas contrataciones. En Estados Unidos ya se han aplicado sanciones y se ha procedido a la detención de antiguos oficiales involucrados en estos programas. Por su parte, el Gobierno británico ha calificado la situación de riesgo crítico para la seguridad nacional y trabaja en reformas normativas que impidan a sus antiguos «top guns» transferir información privilegiada y doctrina militar a potencias competidoras.
Históricamente, China ha representado un mercado laboral atractivo para la aviación civil española, llegando a crearse agencias de colocación para pilotos comerciales que decidían emigrar al país asiático. Sin embargo, el trasvase de personal militar de alta cualificación supone un desafío cualitativamente distinto, dado que estos profesionales poseen conocimientos críticos sobre los sistemas de defensa y las capacidades operativas de la Alianza Atlántica.


