martes, mayo 12, 2026
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Diferencias entre enamoramiento y amor según Elsa Gómez

La psicología contemporánea redefine el vínculo afectivo: del enamoramiento biológico a la construcción consciente del amor

La psicóloga Elsa Gómez ha presentado una revisión técnica sobre la naturaleza de los vínculos afectivos, estableciendo una distinción crítica entre el estado transitorio del enamoramiento y la estructura deliberada del amor. En su reciente intervención para la plataforma de divulgación Aprendemos Juntos BBVA, la especialista analizó cómo la transición de la idealización inicial hacia un realismo psicológico constituye el eje fundamental de las relaciones maduras en el contexto social actual.

Según el planteamiento de Gómez, el enamoramiento se define como un fenómeno neurobiológico caracterizado por una intensa activación del sistema de recompensa del cerebro. Citando investigaciones de la antropóloga Helen Fisher, la experta señaló que en esta fase inicial predomina la liberación de dopamina en regiones como el área tegmental ventral y el núcleo caudado. Este proceso genera un estado de euforia que tiende a filtrar la percepción del otro, amplificando las virtudes y minimizando los rasgos negativos mediante una proyección de expectativas personales.

Frente a este impulso biológico, la propuesta institucional de la psicóloga sitúa al amor como una «elección sostenida» y un ejercicio de compromiso activo. A diferencia de la fase reactiva del enamoramiento, el amor se describe como una práctica cotidiana que requiere comunicación, atención y la disposición de reconocer al otro en su totalidad, fuera de los filtros de la idealización. Este enfoque sugiere que el vínculo afectivo no se limita al sentimiento, sino que se construye a través de la voluntad de permanecer en la relación más allá de la intensidad química inicial.

Uno de los pilares de este análisis es la gestión de la vulnerabilidad. Gómez sostiene que el establecimiento de una intimidad profunda exige que los individuos expongan dimensiones personales complejas, tales como miedos, inseguridades y contradicciones. Este ejercicio de exposición emocional es lo que permite un reconocimiento mutuo genuino, transformando el vínculo en un espacio de aceptación de la totalidad del otro, incluyendo sus límites y fortalezas.

Asimismo, el marco teórico expuesto advierte sobre la importancia de la autonomía individual dentro de la pareja. En consonancia con otras especialistas como Silvia Congost, se subraya que el amor saludable debe evitar la fusión absoluta o la dependencia emocional. La convivencia efectiva se basa en el respeto a la identidad y a los espacios propios de cada integrante, estableciendo límites que no deben ser negociados en exceso para preservar la integridad de cada persona dentro del vínculo.

Finalmente, el análisis concluye con la aceptación de la incertidumbre como una condición inherente a las relaciones humanas. La ausencia de garantías de permanencia se presenta no como un factor negativo, sino como un elemento de realidad que define cualquier vínculo auténtico. En un entorno marcado por la inmediatez, la perspectiva de Gómez invita a una transición hacia modelos relacionales basados en la responsabilidad, el reconocimiento mutuo y la aceptación del riesgo emocional.

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