Expertos y la Unión Europea advierten sobre el riesgo de una crisis energética global de dimensiones históricas
El economista Santiago Niño Becerra y autoridades de la Unión Europea han alertado sobre la formación de un escenario de inestabilidad económica global, derivado de las crecientes tensiones en Oriente Medio. Según los expertos, el mercado energético se enfrenta a un fenómeno de alta volatilidad que podría derivar en una crisis de suministros sin precedentes, afectando no solo a los precios de los hidrocarburos, sino también a la cadena de producción alimentaria y a la estabilidad industrial a escala internacional.
La advertencia coincide con las declaraciones de Dan Jørgensen, comisario de Energía y Vivienda de la Unión Europea, quien ha calificado la situación actual como la crisis energética más grave de la historia reciente. De acuerdo con los datos proporcionados por el organismo, Europa ha destinado ya más de 30.000 millones de euros adicionales a la importación de combustibles fósiles sin haber obtenido un incremento proporcional en el volumen de suministro, lo que pone de manifiesto la vulnerabilidad de las economías y alianzas occidentales.
Proyecciones de recesión y el factor del Estrecho de Ormuz
Informes técnicos de la entidad financiera JP Morgan, citados por Niño Becerra, sitúan ya en un 35% la probabilidad de una recesión global de la economía. El análisis señala el mes de junio como un punto de inflexión crítico para el mercado petrolero. Los expertos advierten que, de no alcanzarse un acuerdo diplomático que garantice la seguridad en el Estrecho de Ormuz, el precio del crudo podría experimentar un incremento no lineal, alcanzando potencialmente los 150 dólares por barril.
El cierre o la obstrucción de esta vía marítima, vital para el comercio mundial, desencadenaría consecuencias estructurales. Entre los escenarios previstos se encuentra la estanflación, un fenómeno caracterizado por un estancamiento del crecimiento económico acompañado de una inflación persistente. Asimismo, se anticipa un impacto directo en el sector industrial, donde el elevado coste de la energía podría forzar el cese de actividad en diversas fábricas, y una reducción del consumo de las familias debido al encarecimiento de la cesta de la compra y los servicios básicos.
Impacto en la cadena de suministros y seguridad alimentaria
Más allá de los combustibles de transporte y aviación, la preocupación de los analistas se extiende a los fertilizantes, componentes esenciales para la producción agrícola global. El encarecimiento de las materias primas energéticas afecta directamente a la fabricación de estos insumos, lo que supone una amenaza para la seguridad alimentaria y la estabilidad de los precios de los productos de consumo básico.
Ante la gravedad de los indicadores, los expertos recomiendan una gestión prudente de los recursos financieros y energéticos. La actual coyuntura institucional subraya la necesidad de fortalecer la resiliencia de las sociedades frente a un entorno exterior incierto, instando a la ciudadanía y a los actores económicos a priorizar el ahorro y la eficiencia en el uso de materias primas para mitigar los efectos de este posible ciclo recesivo.


