El Gobierno acusa a PP y Vox de buscar un clima de confrontación ante el ciclo electoral
El Ejecutivo ha señalado que las recientes manifestaciones de los dirigentes del Partido Popular y Vox responden a una estrategia para generar un «mal clima» social en la antesala de la campaña electoral. Según fuentes gubernamentales, ambas formaciones estarían utilizando los disturbios registrados en los últimos días en Cataluña y el País Vasco para obtener réditos políticos, responsabilizando directamente a la administración central de los altercados.
Desde el Palacio de la Moncloa se sostiene que las críticas de la oposición se realizan «a conciencia» con el objetivo de enrarecer el debate público. El Gobierno vincula esta actitud con la trayectoria de la oposición parlamentaria durante la legislatura, la cual califican de estar basada en «insultos y malas formas». En este contexto, fuentes del Ejecutivo han expresado que no resulta sorprendente que diputados populares, como Cayetana Álvarez de Toledo, aludan a términos como «kale borroka» para referirse a la gestión del presidente Pedro Sánchez.
La posición gubernamental busca establecer una distinción nítida entre los actos de carácter «vandálico» y las manifestaciones convocadas por movimientos ciudadanos o sindicatos. En este sentido, el Ejecutivo ha apelado a la «contención» del Partido Popular y Vox, subrayando que en la actividad política deberían existir «líneas rojas» que impidan el fomento de la violencia en el espacio público. «Fomentar que haya violencia en la calle no beneficia nunca a nadie», defienden las mismas fuentes.
El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se pronunció sobre esta situación durante un acto de precampaña en Gijón, donde reprochó a las filas populares su actitud de crítica sistemática. Sánchez lamentó que la oposición cuestione todos sus movimientos, incluso los de carácter personal, en lo que calificó como una campaña centrada en lo negativo. Por su parte, fuentes de Moncloa han recalcado que «nunca votarían a nadie que presuma de que la gente no se bese», en referencia a las críticas recibidas por el mandatario.
Finalmente, el sector socialista del Ejecutivo ha manifestado su intención de desarrollar una campaña en clave «positiva», desmarcándose de lo que consideran una estrategia de los populares para «sacar tajada» de los conflictos territoriales. Según el análisis de los socialistas, la generación de «odio entre la ciudadanía» es una táctica que no se traduce necesariamente en apoyo electoral, argumentando que la sociedad no demanda violencia ni crispación en el actual escenario político.


