Análisis de la estrategia marroquí en los conflictos territoriales con España: el papel de la política interna y el apoyo de Washington
La recurrente utilización de movilizaciones civiles masivas o de ocupación de espacios por parte de Marruecos en sus reivindicaciones territoriales frente a España responde a un patrón estratégico definido por dos factores determinantes: la fortaleza del Ejecutivo español de turno y el posicionamiento de la administración de los Estados Unidos. Según el análisis de la trayectoria histórica de estas crisis, el éxito o fracaso de las pretensiones de Rabat ha dependido directamente de la coordinación entre la firmeza diplomático-militar de Madrid y la alineación de intereses con la Casa Blanca.
El primer precedente relevante de esta táctica se sitúa en 1975 con la denominada Marcha Verde. En aquel contexto, la debilidad del Gobierno español, marcada por la enfermedad terminal de Francisco Franco y el proceso de descolonización del Sahara, facilitó la operación marroquí. Documentos históricos y comunicaciones diplomáticas revelan que la administración estadounidense, bajo la dirección del secretario de Estado Henry Kissinger, favoreció el control marroquí sobre el territorio frente a la opción de una independencia saharaui. La intervención de la CIA y el beneplácito oficial de Gerald Ford fueron fundamentales para que el rey Hasán II ejecutara la ocupación pacífica de la colonia española.
Un escenario opuesto se produjo en julio de 2002 con la crisis del islote de Perejil. En esta ocasión, la ocupación por parte de gendarmes marroquíes fue respondida de forma inmediata por el Gobierno de José María Aznar mediante la operación militar Romeo-Sierra. A diferencia de 1975, el Ejecutivo español mantuvo una postura de no aceptación de la política de hechos consumados, contando además con el respaldo del presidente George W. Bush. La sintonía entre Madrid y Washington en aquel momento neutralizó la iniciativa de Mohamed VI, obligando a la retirada de las fuerzas marroquíes y al restablecimiento del statu quo.
La situación más reciente, centrada en la entrada masiva de ciudadanos en Ceuta, vuelve a poner de relieve la importancia de la coyuntura geopolítica. El análisis institucional sugiere que la percepción de debilidad en la política exterior del actual Gobierno, presidido por Pedro Sánchez, junto con un cambio significativo en las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos, ha incentivado nuevas acciones de presión. Durante el mandato de Donald Trump, Marruecos estrechó lazos con Washington a través de acuerdos armamentísticos y el restablecimiento de relaciones con Israel, obteniendo a cambio un reconocimiento explícito a sus tesis territoriales.
Expertos en inteligencia y relaciones internacionales subrayan que el Ministerio del Interior y los servicios de seguridad españoles se enfrentan a un desafío complejo. La gestión de estas crisis requiere no solo de una respuesta técnica en las fronteras, sino de una labor diplomática que asegure que España mantenga su integridad territorial bajo el paraguas de sus alianzas internacionales, evitando que la inestabilidad política interna sea interpretada como una oportunidad para la modificación de las fronteras vigentes.


